Economía conductual en salud: estrategias para impulsar hábitos más saludables
Comer más verduras, hacer ejercicio, vacunarse, hacerse chequeos…Todos sabemos que deberíamos hacerlo. Sin embargo, la realidad es que hay una enorme distancia entre lo que sabemos que tenemos que hacer y lo que realmente hacemos. En esa brecha es donde la economía conductual actúa para que consigamos adoptar comportamientos que benefician a nuestra salud.
Más allá de lo médico: cómo influye el contexto en la salud
A menudo pensamos que las decisiones relacionadas con la salud son racionales. Pero lo cierto es que están profundamente influenciadas por factores emocionales, sociales y contextuales. De hecho, la mayoría de las decisiones cotidianas que afectan nuestro bienestar no se toman en la consulta médica, sino en la vida real: en casa, el supermercado, el trabajo, cuando volvemos a casa…
Cuando tomamos decisiones importantes sobre nuestra salud, nos afecta claramente el entorno que nos rodea. Por ejemplo, si nuestros familiares y amigos son fumadores frecuentes, nos será mucho más difícil dejar de fumar.
Las ciencias del comportamiento ayudan a identificar estas fricciones que nos encontramos en nuestro camino hacia un objetivo saludable y que proponen pequeñas intervenciones o “empujones” (también llamado nudges) para eliminarlas o facilitar que tomemos decisiones más saludables.
Ámbitos sanitarios donde ya se aplica la economía conductual
Las ciencias del comportamiento ya se están aplicando en algunos campos relacionados con la salud con resultados científicamente probados:
1. Adherencia a tratamientos
Uno de los grandes retos de la salud pública es lograr que las personas sigan sus tratamientos médicos, especialmente en enfermedades crónicas o en aquellos tratamientos en los que el comienzo es difícil. Por ejemplo, la adopción del tratamiento contra la apnea del sueño (máquinas CPAP) tiene una tasa de abandono de un 40%, debido a lo difícil que es acostumbrarse a la máquina, aunque los beneficios en la salud del paciente son evidentes en el medio/largo plazo.
Sabemos que deberíamos tomarnos la medicación, pero entre la rutina diaria, el olvido y la falta de síntomas visibles, muchas veces se acaba abandonando. Este fenómeno se debe a una “inconsistencia inter-temporal”: preferimos las recompensas inmediatas, sobre todo cuando los beneficios no son visibles hasta pasado varios meses o años. Cuando nos diagnostican diabetes, es difícil ser estrictos con una dieta sin azúcares y pincharse todos los días si te encuentras bien en ese momento y los efectos negativos en la salud no son visibles hasta muchos años después. En ese momento, el disfrute de la comida parece más importante que el beneficio no tangible del futuro.
Como veremos más adelante, se han probado con éxito diferentes estrategias conductuales que mejoran la tasa de adopción de los tratamientos con pequeños empujones que ayudan a mantener la rutina.
2. Donaciones de sangre y órganos
Donar es un acto altruista, pero incluso la generosidad puede impulsarse con las herramientas adecuadas. La motivación intrínseca de los donantes (sentirse bien consigo mismo, ayudar a los demás, proyectar una imagen positiva de ti mismo a los demás, etc.) es clave en este tipo de comportamientos prosociales.
Ciertos mensajes o técnicas pueden ayudar a potenciar esta percepción positiva de nosotros mismos y aumentar las ganas de donar. Sin embargo, también hay otros factores, como los incentivos económicos, que pueden producir el efecto contrario y reducir las donaciones, con lo que es fundamental revisarlos desde la óptica conductual.
3. Vacunación
Las vacunas salvan vidas, pero cada vez influye más la desinformación sobre ellas, provocando miedo y desconfianza en parte de la población. Este problema se convierte en un problema de salud pública, ya que puede romper la inmunización de rebaño. Si nos fijamos, el miedo a las vacunas no responden a factores racionales, sino emocionales e inconscientes.
Explicar los beneficios con lenguaje técnico no suele ser efectivo. Resulta más conveniente utilizar otras técnicas conductuales para transmitir su importancia y eliminar todas las fricciones posibles.
4. Estilos de vida saludables
Cambiar hábitos es difícil. No basta con decir “haz ejercicio” o “come mejor”. La economía conductual ayuda a identificar qué barreras puede tener la persona para hacerlo (falta de tiempo, de opciones o de motivación) y diseñar intervenciones que las eliminen.
Por ejemplo, se ha demostrado que colocar frutas a la altura de los ojos en una cafetería aumenta su consumo. O que ofrecer opciones saludables como predeterminadas (por defecto) en los menús mejora las elecciones nutricionales.
¿Cómo lo consigue la economía conductual?
Las ciencias del comportamiento no solo explican por qué tomamos malas decisiones en el ámbito de la salud, sino que ofrecen herramientas para ayudar a tomarlas mejor. Aquí van algunas de las más efectivas:
1. Simplificar el proceso
Cuanto más fácil es una acción, más probable es que la hagamos. Esta premisa la podemos aplicar para pedir cita médica, hacer ejercicio o tomarnos una pastilla. Para ello, hay varias técnicas conductuales que pueden marcar la diferencia:
- Status quo y opciones por defecto
Las personas tendemos a seguir la opción que se nos ofrece por defecto. Simplemente por practicidad y facilidad cognitiva. Este pequeño gesto puede ayudar a aumentar considerablemente las tasas de donación, por ejemplo. En los países en los que la opción por defecto es ser donante de órganos, la tasa de donación es mucho más alta que en los países donde tienes que dar tu consentimiento expresamente.

- Reducir la carga cognitiva
Tener multitud de opciones o recibir información demasiado técnica nos puede abrumar. En temas que afectan a la salud, es recomendable compaginar el rigor científico con un lenguaje sencillo, fácil de entender y que resuelva las dudas o miedos irracionales que pueda tener el paciente. Un folleto sencillo y visual sobre los beneficios de una vacuna será más efectivo que un texto largo y riguroso con evidencia científica.
También podemos aplicarlo al diseño de los procesos. Si para ponerme una vacuna tengo que pedir cita presencialmente porque no tienen cita por internet y el teléfono del centro de salud está siempre descolgado, es más probable que retrase el momento para hacerlo y se me acabe olvidando. La opción de pedir cita a través de una app, o un sistema telefónico que te llame de vuelta directamente cuando está ocupada la línea, ayudarían a eliminar esas barreras.

Cuando en un análisis conductual detectamos una barrera física o emocional para adoptar ese comportamiento, eliminar pasos u ofrecer una opción más sencilla puede ser el empujón que consiga promover el cambio de comportamiento.
2. Estar “presente” en la mente del paciente:
No se nos da bien proyectar cómo nos comportaremos en el futuro ni cómo nos sentiremos. En el momento de la consulta, tenemos claras las pautas que nos recomienda el médico, pero se nos “olvidan” semanas después. Cómo y cuándo estamos presentes en la mente del paciente puede ayudar a que se mantenga el comportamiento deseado:
- Disponibilidad mental y el efecto de repetición
Recordamos mejor lo que nos viene más rápidamente a la mente. Para ello, las notificaciones recurrentes nos ayudan a tener esa información siempre “accesible” en nuestra mente. Se ha comprobado científicamente cómo, añadiendo un sencillo recordatorio por email o SMS, se han incrementado las tasas de adopción a tratamientos o asistencia a las citas médicas. Por ejemplo, un simple recordatorio por SMS semanalmente aumentó significativamente la adopción de tratamientos con pacientes de VIH en Kenia.

- Efecto de encuadre (framing)
Hay veces que un simple cambio en cómo se encuadra el mensaje principal cambia totalmente su significado y ayuda a conseguir el comportamiento saludable. La consultora Irrational Labs, consiguió aumentar la inscripción a un programa diseñado para pacientes con diabetes, añadiendo un cambio de encuadre de los mensajes. En este caso, el programa estaba financiado por los seguros médicos, pero no conseguían que los ciudadanos se registraran, aunque fuera gratuito. Cambiando el enfoque de los mensajes del emailing de bienvenida consiguieron, en tan solo una semana, aumentar un 120% los registros al programa.
3. Generar cercanía y conexión emocional
Solemos pensar en la salud como una cuestión individual (voy al médico y tengo la responsabilidad de seguir el tratamiento que me indiquen). Sin embargo, nuestro entorno social nos influye enormemente. La cercanía, el apoyo de nuestro entorno o incluso el sentir que nuestras acciones ayudan a los demás pueden ser un gran motivador del cambio.
- Efecto de reciprocidad
En los comportamientos prosociales, como las donaciones, un mensaje que active el sentimiento de reciprocidad puede ayudar a aumentar la motivación personal. Se han realizado intervenciones en diferentes países como Reino Unido o Canadá para averiguar qué tipo de mensajes conductuales funcionaban mejor para incrementar las donaciones. Aquellos que apelaban a la reciprocidad generaban mayor motivación para donar que otro tipo de mensajes.
- Efecto arrastre
Saber que otras personas están ya siguiendo ese comportamiento (vacunarse, dejar de fumar, donar sangre) nos impulsa a imitarlo y seguirlo. En Reino Unido, un estudio demostró que los médicos que recibieron una carta indicando que prescribían más antibióticos que el 80% de sus colegas de esa zona redujo las recetas de estos fármacos en los siguientes meses.
El efecto social influye mucho en los cambios de hábitos saludables. Empezar a correr o dejar de fumar al mismo tiempo que un amigo, ayuda a nuestra motivación personal para continuar y no desistir en el proceso.
Incluso, una simple relación de cercanía con el médico puede hacer que el paciente esté más motivado a seguir el tratamiento indicado.
4. Entender bien la motivación para elegir los incentivos correctos
Los incentivos económicos son muy utilizados para promover cambios de comportamiento. Sin embargo, no siempre funcionan igual. Por ejemplo, se ha comprobado que ofrecer dinero por donar sangre, puede reducir la participación. Al introducir un incentivo económico, se erosiona la motivación altruista y las personas se ven menos atraídas a hacerlo. En cambio, incentivos simbólicos, como camisetas, sí mantienen esa motivación personal y estimulan a nuevos donantes.
En intervenciones en el ámbito de la salud, sería necesario entender muy bien el contexto y las barreras para poder balancear bien los incentivos. Por ejemplo, en India se combinaron pequeños incentivos no financieros y premios para aumentar la tasa de vacunación. Se observó un incremento en la tasa de inmunización con estos incentivos no económicos.
Cuando hablamos de comportamientos donde el beneficio se ve muy a largo plazo, como fumar o perder peso, los incentivos económicos sí pueden ser efectivos en el corto plazo, pero deberían estar combinados con otros motivadores no económicos. Existen propuestas en las que se anima a dejar una cantidad de dinero como depósito en una app, con la posibilidad de recuperarlo si se cumplen los objetivos (o donarlo a una ONG si no lo conseguiste). Este tipo de iniciativas complementa el compromiso personal (motivación intrínseca) con la aversión a la pérdida (dolor de pagar) para mantener el esfuerzo y conseguir el objetivo.

La economía conductual nos recuerda que las personas no somos seres racionales con voluntad de hierro. A veces, para elegir lo mejor, solo necesitamos un pequeño empujón en la dirección adecuada.
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